¿Será que adoptamos una mascota?

Esta es una pregunta frecuente que por muchas razones nos hacemos antes de llevar un nuevo integrante a nuestra familia.  Pero dentro de las múltiples razones para hacernos esta pregunta, hay una por la que muchos hemos pasado, y tiene que ver con nuestros padres que en muchas ocasiones nos han repetido: “Aquí no vaya a traer perros ni gatos”.

Frente a esta condición siempre queda el sinsabor de no saber si a la llegada de nuestro nuevo integrante, nuestros padres van a acogerlo o será todo un desafío para la convivencia.

De hecho, durante los primeros días de la llegada de la mascota a casa, sucede que constantemente papá o mamá dicen que no quieren ver la mascota por aquí, por allá, en el mueble, en las camas, etc. Siempre con la frase célebre de: “aquí no lo vaya a dejar subir!”.

Esta situación tan frecuente nos pone en serios cuestionamientos con respecto a lo que será la vida de nuestras mascotas en casa, dudamos, sentimos temores, a veces creemos que fue un error, pero insistimos en darle la mejor acogida. Así papá esté detrás diciendo todo lo que no puede hacer o todos los lugares en los que no debería estar.

Sin embargo, y paradójicamente, muchas de estas historias terminan en una escena que resume todas esas angustias en un final feliz:

Escena:

Un día cualquiera…

7:00pm Llego de trabajar muy agotada, dejo en la mesa del comedor la maleta con la que llego a casa.  

7:05pm observo que Firulais (el perro) no se acerca a saludar y que Tilín (la gata) no ha mostrado su majestuosa mirada entre las sombras de la casa, lo cual me preocupa pero emprendo la búsqueda imaginando que papá los hizo encerrar en alguna habitación esperando no verlos haciendo su vida de perros y gatos echados durmiendo en cualquier mueble o cama, acicalándose o simplemente sintiendo pasar el día…

7:10, observo que la puerta de mi habitación está abierta lo que me hace pensar que no fueron llevados de castigo ahí, entonces rápidamente miro hacia la puerta del balcón creyendo que fue ahí donde debieron pasar toda la tarde en mi ausencia, pero no, esa puerta también estaba abierta. 

7:12, no tengo más ideas de dónde encontrar a Firulais y a Tilín, y es ahí cuando escucho la voz de papá diciendo: “hija, llegaste?” y entonces rápidamente camino a su habitación con un enredo en mi mente sin saber dónde estaban las mascotas y al levantar mi mirada, llega la escena feliz:

¡¡¡¡Papá acostado a una orilla de la cama, con Firulais echado a sus pies y Tilín acomodado entre su brazo y abdomen!!!! Qué?!!!!!! ¿Mis ojos no podían creerlo, papá con las dos mascotas en su cama?

Mil preguntas me llegaron a la mente, entre ellas: ¿en qué momento sucedió todo esto?

Pues bien, ante semejante escena con la que quedé maravillada no podría pensar nada más que en celebrar tan dichosa acogida de nuestras mascotas en casa.

¿Explicaciones a lo anterior?

De hecho, numerosos son los estudios que han demostrado como las mascotas influyen de manera positiva en la salud y en el bienestar humanos. Las investigaciones científicas han clasificado estos efectos en cuatro áreas específicas: terapéuticos, fisiológicos, sicológicos y sicosociales.  

En este sentido el efecto terapéutico por ejemplo refiere al aporte en la terapia física o asistida emocional. Por otro lado, encontramos que desde lo fisiológico son un factor protector de enfermedades que van desde lo cardiovascular hasta la reducción del estrés por soledad o ansiedad.  Desde el factor psicológico ha sido objeto de estudio el vínculo que se genera entre la mascota y el humano y los beneficios que se derivan de él.  Por último, encontramos que desde el aporte psicosocial, la tenencia de mascotas propicia la interacción entre las personas y enriquece de muchas formas la vida comunitaria (Gómez, Atehortúa, Orozco, 2007).

 

Para finalizar, podríamos resumir lo anterior pensando simplemente que las mascotas llegan a nuestras vidas y poco a poco se convierten en esa compañía desinteresada, leal y muy afectiva.  Como se dice comúnmente, son animales de compañía, llenan espacios, alegran vidas, motivan, dibujan sonrisas y muy importante, son realmente parte de la familia.

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